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16 de abril de 2011

Os quiera contar una experiencia que me ha ocurrido esta mañana.

Aprovechando que era una plácida mañana de primavera estaba sentada en un banco de la calle a la sombra de un árbol. Al poquito ha llegado una anciana con su cuidadora. Como es normal hemos empezado ha hablar.
La anciana estaba en una silla de ruedas y me ha contado que tenía 85 años. Interesándome por su situación la he preguntado que si es que había tenido algún accidente o lesión que explicase estar en una silla de ruedas. Ella me ha contado que no, que no ha tenido ningún accidente, ni ninguna caída. Que está así, por miedo, porque tenía miedo de caerse y poco a poco ha ido andando menos, hasta que se ha visto así, en una silla de ruedas.
Y a estas alturas ya no puede andar, y aunque lo ha intentado, porque le gustaría mucho poder volver a andar, hoy por hoy, no puede.

Necesitaría, como la he dicho, hacer rehabilitación para volver a aprender a andar. Porque aunque parezca mentira hasta andar se olvida si dejamos de practicarlo, como siempre me dice un familiar al que se le olvidó literalmente andar después de un tiempo sin poder hacerlo.

Me ha parecido una historia sorprendente porque esta anciana no tiene ninguna lesión, ni nerviosa, ni muscular, ni ósea; simplemente no anda por miedo, por miedo a caerse ¡¡¡Sorprendente!!!
La experiencia de esta anciana me ha llamado la atención porque cuántas veces es
por miedo por lo que dejamos de hacer cosas para las que estamos perfectamente capacitados, y al final nos volvemos realmente incapaces de hacerlas.

Deseo a esta anciana que con mucha paciencia, esfuerzo y una buena rehabilitación pueda recuperar lo que un día fue suyo, y a mí me deseo no olvidar nunca la lección que he aprendido a la sombra de un árbol una plácida mañana de primavera.

Hasta la próxima ¡Salud!

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13 de diciembre de 2010

Mi amigo P cumplirá años dentro de unos días, concretamente el 25 de diciembre. Dado que este año es uno de esos cumpleaños de número redondo, y que además por esas fechas no estará aquí, porque estará de viaje, decidimos hacerle con anticipación un cumpleaños sorpresa este sábado pasado.
Con la primera excusa que se presentó, el de ensayar algo que se tenía que preparar, se le citó a una cena “tranquila” en la que sólo estarían su familia y la familia anfitriona.
Lo que él no sabía es que a esa cena estábamos invitados sus amigos.
Cada uno llevaría un plato de comida, en gran cantidad, para que todos pudiéramos probar de todo, llegaríamos media hora entes de su llegada para no coincidir con él,
con instrucciones precisas de dejar los coches lejos para que no los viera, etc., etc., etc. Todo para que fuera una gran sorpresa.
Así estábamos esa tarde de sábado esperando el momento deseado, cuando de repente suena el teléfono:
– Que el cumpleaños de P no se puede hacer
– ¿Por qué?
– Porque ha empezado a sentirse mal, ha ido al médico, y ahora está en el hospital, ingresado en la UVI
– ¡¡¡¡¿¿¿¿¿¿………??????!!!!!

Desde luego que fue un cumpleaños sorpresa, pero la SORPRESA nos la dio él a nosotros.

El título de este blog es “Fortaleciendo la salud” porque en nuestras manos tenemos muchas herramientas para fortalecer nuestra salud, y haremos bien en ponerlas en obra, pero soy consciente que en esto de la salud la última palabra no la tenemos nosotros, la tiene Otro.

Lo que he contado de mi amigo trae a mi mente unas palabras de la Biblia que dicen:
“Oíd ahora, los que decid: Hoy o mañana iremos a tal o cual ciudad…
Sin embargo, no sabéis cómo será vuestra vida mañana…
Más bien deberíais decir: si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello”

Tengo muy claro que esto es cierto, y por la consciencia de ello suelo despedirme con un “Hasta mañana si Dios quiere” a lo que una vez un compañero de trabajo me contestó: ¡Lo quiera Dios o no lo quiera, YO mañana estaré aquí”.
Casos como el de mi amigo nos dicen que la respuesta de mi compañero es cuanto menos de una gran prepotencia.

Dentro de poco tiempo, justo el día del cumpleaños de mi amigo, celebraremos la Navidad, en recuerdo de otro nacimiento, el de Dios hecho hombre, en ese momento bien pudiéramos pensar que de entre todos los regalos recibidos, el de la vida, es el más preciado y por el que podemos estar muy agradecidos.

Hasta la próxima ¡Salud!

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02 de noviembre de 2010

Las fechas son propias para hablar sobre este tema, porque hace muy pocos días, mejor dicho noches, a lo largo de todo el mundo, se estaba celebrando una fiesta que tiene que ver mucho con todo esto.

Hay muchas personas, y cada día más, que tiene algún tipo de relación con las “ciencias de lo oculto”, sin saber que este trato, les va a pasar factura y no sólo a su monedero, sino también a su salud.

Hay mucha gente que consulta con adivinos, hechiceros, agoreros, encantadores, magos, con los muertos, el tarot, los horóscopos, etc., etc. Empiezan como una cosa inocente, y acaban dependiendo de ello, sin que puedan dar un paso sin consultarles previamente.
Todas estas prácticas de inocentes no tienen nada. Es una de las costumbres más peligrosas para los que las practican.

Dañan la salud desde los cimientos más profundos de la misma, mermándola poco a poco y de maneras muy variadas, pues son muchas las manifestaciones de enfermedad que pueden presentar, pero en todas hay un claro deterioro de la salud. Y no sólo de la salud física, sino también de la mental y espiritual.
Normalmente las personas que se meten en estos campos suelen caer, tarde o temprano, en una depresión, de esas que no se curan con los tratamientos efectivos habituales. Esta depresión se va haciendo cada vez más profunda, como profundo es el pozo en el que van cayendo. Tan oscuro es este abismo que muchas de estas personas acaban quitándose la vida, y no es de extrañar porque todo esto de lo oculto tiene relación con el mundo de los muertos.

Para las personas que tengan un trasfondo judeo-critiano tal vez les interese saber que esta práctica está totalmente prohibida en la Biblia, considerándose una abominación para Dios.
Mi consejo, si quieres preservar tu salud, es que nunca consultes con nada que tenga que ver con las llamadas “ciencias ocultas”
El futuro sólo le pertenece Dios, y lo bueno es poder descansar en ello.

Hasta la próxima¡ Salud!

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13 de mayo de 2010

Hace poco escuchaba un programa de radio en el que se hablaba de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, me ha hecho meditar y me gustaría compartirlo con vosotros.

Estos objetivos se acordaron en la Cumbre del Milenio celebrada en las Naciones unidas en el año 2000, y la declaración que los contiene fue firmada por 147 países. La meta es alcanzarlos para el año 2015

Son ocho objetivos, básicos, necesarios, justos y deseables y aunque a primera vista no lo parezca todos tiene que ver directamente con la Salud.

Objetivo 1: Erradicar la pobreza extrema y el hambre.
Objetivo 2: Lograr la enseñanza primaria universal.
Objetivo 3: Promover la igualdad de los géneros y la autonomía de la mujer.
Objetivo 4: Reducir la mortalidad infantil.
Objetivo 5: Mejorar la salud materna.
Objetivo 6: Combatir el VIH/SIDA , el paludismo y otras enfermedades.
Objetivo 7: Garantizar la sostenibilidad del medio ambiente
Objetivo 8: Fomentar la asociación mundial para el desarrollo.

Por suerte para mi vivo en un país donde muchos de estos objetivos son una realidad, pero ¿qué de mi y mi familia si hubiera nacido en otro lugar donde esto sólo fuera un sueño?
Todos los ciudadanos de este mundo compartimos una casa común llamada Tierra,
y lo que le pase al de al lado tarde o temprano me afectará a mí.
La salud de mi ciudad me afecta y la salud de la Tierra me atañe, ( y si no que se lo digan a los miles de personas paralizadas en los aeropuertos por las cenizas de un volcán)
Mi salud no es sólo mi salud sino también la del que me rodea.
Lo que quiero para mí me gustaría que también lo disfrutara el otro.
Si quiero Salud para mí y los míos, también la quiero para los demás.

Una vez alguien dijo:”Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia porque ellos serán saciados. ¿Queremos hacer algo para alcanzarlos?

Si quieres saber más visita esta página.

Hasta la próxima ¡Salud!

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30 de abril de 2010

Esta entrada va por ti Eva que me has sugirió el tema

Estas reflexiones son fruto de la experiencia, seguro que vosotras las podréis enriquecer mucho más con vuestras propias aportaciones.
Aquí van algunas ideas.

Si el enfermo es de los que necesitan vigilancia continua, una cosa que puede ser útil, para los familiares, es que les avisemos con antelación de nuestra visita por si a ellos les viene bien utilizarla para hacer algo que necesiten (Ir a su casa a descansar, hacer algún trámite, etc.)

Las horas de visitar deben ser razonables: No muy pronto por la mañana, ni muy tarde en la noche, tampoco a la hora de la siesta, ni a la hora de las comidas, al no ser vayamos para ayudarle a comer.

El tiempo que dure nuestra visita será corto y estará en relación con la gravedad del enfermo, si está menos grave podremos estar más tiempo, pero no más de media hora, mi consejo es que es mucho mejor dos visitas cortas que una larga.

También si el enfermo se encuentra en una habitación compartida con otros enfermos tendremos que tener mucha consideración con los compañeros de habitación respetando al máximo las reglas que rijan en el centro.

Cuando vamos a ver a un enfermo vamos a verle a él interesándonos genuinamente por su salud. Y para esto, si es que el enfermo puede y quiere hablar, hemos de dejarle que él sea el protagonista. He visto visitas que han llegado y después de los saludos oportunos y del ¿Cómo te encuentras? se las han arreglado para ser ellos los únicos que hablaban contando sus múltiples dolencias. Este tipo de visitas realmente no son de ánimo.

Las visitas que realmente ayudan al enfermo son las que son sensibles a su estado de salud, que saben ver si son oportunas o han de irse con discreción, que se interesan realmente por su situación, que son capaces de dar una palabra de consuelo sin mentir, que se ofrecen sinceramente para ayudar, que a su salida el enfermo y sus familiares se sientes reconfortados.
Como vemos es todo un arte.

Hasta la próxima ¡Salud!

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29 de marzo de 2010

En estos días, estoy de celebraciones, varios miembros de mi familia cumplen años, y lo estamos felizmente celebrando.
Pero yo también estoy de cumpleaños, cumplo un año como blogera en Mujerdehoy.
Y estoy muy, pero que muy, contenta de este cumpleaños.
Espero que con este blog las personas que lo hayan leído hayan aprendido algo y hayan fortalecido de alguna manera su salud, pero la que más ha aprendido he sido, sin lugar a dudas, yo.
Ha transcurrido todo un año y muchas cosas han pasado en este tiempo, y también muchas cosas han acaecido en la confección de este blog, con las cuales he sido grande y positivamente influenciada.
Por eso sólo puedo decir GRACIAS.
Gracias a Dios por haberme dado salud para estar aquí, gracias a la dirección de la revista Mujerdehoy por haberme invitado a escribir en ella y por toda la ayuda prestada en su confección, gracias a la persona que me ha ayudado a editarlo, gracias a los que lo han leído y gracias a cuantos han tomado un poco de su tiempo para poner comentarios al mismo (todos han sido leído con interés). Sí, definitivamente GRACIAS.

Y en un blog de salud la palabra gracias no es anodina ni carente de valor, sino que es una de esas palabras importantes que pueden marcar, en algunas ocasiones, la diferencia. Porque una actitud de agradecimiento en la vida, es sin lugar a dudas un buen antídoto para la depresión, el decaimiento, la apatía.
Con un espíritu agradecido, a parte de que se disfruta más de la vida, se combaten mejor las enfermedades y las dolencias, se aumentan las defensas del organismo y se lucha mejor contra aquellas agresiones a las que el cuerpo se ve constantemente expuesto.
¡¡Sin olvidarnos que también la gratitud es un buen aliado de la belleza, como dice la Biblia: “El corazón alegre hermosea el rostro”!!

La tierra ha dado toda una vuelta alrededor del sol desde que la primera entrega de este blog, y aquí seguimos todas nosotras con vida. ¿No es este un buen motivo para el agradecimiento?
Hasta la próxima ¡Salud!

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22 de marzo de 2010

Cuando el invierno aun no ha terminado y todavía se tienen que padecer sus rigores, de repente, entre tanto frío, entre tanto árbol pelado, aparece la silueta florecida del almendro.
La preciosidad de sus pequeñas flores, el color delicado de las mismas, el que aparecen incluso antes que sus hojas, todo esto hace de la floración del almendro un precioso espectáculo de la naturaleza.
Cuando estamos cansados de la dureza del invierno y nuestros ojos ya están hartos de ver tanto árbol sin hojas, la floración del almendro nos anticipa la primavera.
Con sus flores la naturaleza nos dice que los rigores del invierno no van a durar para siempre, que hay una primavera que, aunque todavía no ha llegado, algún día llegará. Sus flores, realmente, nos anticipan una época mejor.

Y podemos tomar su ejemplo para llevarlo a nuestra vida cotidiana.
Cuando las cosas se ven oscuras, necesitamos una promesa de que no siempre va a ser así; necesitamos un consuelo; necesitamos una esperanza a la que asirnos; necesitamos un ancla para el alma.
Dios, en la Biblia, nos dice que todo esto podemos encontrarlo en Jesús.
Como el almendro, Jesús, que dicho sea de paso murió y resucitó en primavera,
nos brinda esa esperanza de que se puede salir de los rigores del invierno, de que “otra estación” mucho más benigna y florida es posible y que él la anticipa.
Y es que la esperanza es necesaria para todo, incluso para disfrutar de una buena salud. Una esperanza, correctamente fundada, da visión, alegría, coraje para la lucha, paciencia para aguantar mientras tanto.
Aún en los rigores del invierno, podemos anticipar, si es que queremos, que no siempre esto va a ser así, que algo mejor queda por venir.

Cuando veo la belleza del almendro en flor, la esperanza de una futura primavera
florece en mi.

Hasta la próxima ¡Salud!

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13 de febrero de 2010

Es difícil pensar que pueda haber una persona que dé gracias por ser ciega. Pero esta semana he descubierto a alguien que sí lo hizo, Su ejemplo me ha inspirado tanto que quiero compartirlo.
Ella se llama Fanny Crosby, nació en Southeast, New York en 1820.
Quedó ciega cuando tenía seis semanas, por la equivocación de un médico.

Fanny estudió en una escuela para ciegos y posteriormente trabajó como profesora.
Se casó con un músico, también ciego, y tuvieron una hija que falleció de niña.
Quedo viuda a los 82 años , muriendo en 1915 a los 95 años de edad.

Por lo que más se la conoce es por los miles de himnos que escribió.

Cuando ya era mayor dijo que si algún día llegara a hablar con el médico que la había dejado ciega, le daría las gracias por eso, porque en las manos de Dios esa debilidad llegó a ser la bendición más grande de su vida, porque la hizo depender totalmente de Dios.

A la edad de 8 años y después de haber luchado contra el desaliento escribió:

Oh, que persona tan feliz soy,
Aunque no pueda ver.
Me he propuesto en este mundo
Satisfecha estar.
¡Cuántas bendiciones tengo,
que otros no pueden tener!
Llorar y suspirar porque soy ciega
No puedo, no lo voy a hacer.

Todo esto me ha ayudado enormemente.
Porque aunque la mayoría de nosotras, no estemos ciegas como ella, todas tenemos una lucha que afrontar. Unas veces será una enfermedad nuestra o de alguno de nuestros seres queridos, una falta de trabajo, etc.
Y ante esta adversidad podemos tomar la carga solas y casi hundirnos por su peso o podemos hacer como hizo Fanny depender de Dios, buscando su ayuda para afrontarla.
Y como dije en la primera entrega: Uno de los pilares que sustentan nuestra salud es una actitud positiva ante la vida basada en unas sólidas creencias personales.
Y a veces ante la adversidad, de tanto dolor, el enfoque acaba “desenfocado” y vidas como la de Fanny nos ayudan a enfocarlo correctamente.

Hasta la próxima ¡Salud!

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28 de diciembre de 2009

Llegadas estas fechas ya se sabe, los lugares de trabajo se engalanan con adornos típicos: que sí árboles, espumillones, alguna figurita y alguna bolita por aquí y por allá.
Las felicitaciones con deseos de paz, felicidad y un montón de buenos deseos están a la orden del día, y cómo no las cenas o comidas de navidad o año nuevo proliferan en casi todas las empresas y centros de trabajo.
Hasta aquí todo va bien, porque es bonito poder pasar un tiempo distendido con aquellos con los que estás unida muchas horas al día durante todo el año.
Algunas de estas reuniones son ciertamente un tiempo realmente sano y divertido de compañerismo. Pero he aquí que hay otras – y últimamente me atrevería a decir que muchas – en la que estos ágapes se convierten en verdaderas bacanales, como me decía el otro día un familiar.
Se come en exceso, se bebe en exceso, se fuma (los que fuman) en exceso, y si la cosa quedara ahí… pero en muchas de estas reuniones se superan los límites de lo permitido desde muchos frentes.
La mezcla de bebidas alcohólicas es lo normal, en cantidades gigantescas también es lo normal. Esto ya sería suficiente para “alegrar” al alma más triste, pero si después le añadimos alguna que otra droga, la mezcla resulta casi explosiva.
A estas alturas la gente está tan desinhibida que, el jefe ya no es el jefe y los empleados tampoco son los empleados.
Según los datos un tanto por ciento muy alto de los líos amorosos en las empresas salen de estas “fiestecitas”. En fin que de inocentes fiestas de celebración tienen muy poco.
A uno le dejan con una sensación de vacío interior, además de con resaca e indigestión, en fin nada muy halagüeño.

Me apunto a las sanas reuniones que para celebrar la navidad o el fin-inicio de año se puedan hacer, pero que no cuenten conmigo para estas bacanales modernas.
¡¡¡Pero que difícil resulta encontrar el equilibrio, ¿verdad?!!!


Hasta la próxima ¡Salud!

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13 de noviembre de 2009

Si, si, esto de Internet hay que tomárselo con mucha tranquilidad ¿o sino qué opináis vosotras?
Me he metido en un artículo, era precioso y me ha inspirado mucho.
Luego este me ha llevado a otro artículo, que también he leído y me ha encantado. Pero es que ese me ha llevado a un tercero, que sinceramente ha rebosado mi capacidad de asimilación. Y ya en vez de paz y sosiego, siento desazón e intranquilidad. Y no es para menos porque lo que me he dado es un atracón por sobre carga de información y eso no es nada saludable ¡Claro que no!

Y es que lo aconsejable para que nuestra salud mental, espiritual y también la física no desfallezca con el uso de la red, es tomarse esto de Internet con mucha tranquilidad.

Leemos un artículo que nos ha gustado y paramos dándonos un tiempo para meditar sobre él, pensando en las cosas que nos ha sugerido, que nos ha inspirado, que nos han aconsejado; en fin hacemos algo para que ese artículo cale en nosotras y pueda sernos de utilidad. Porque si no lo único que nos va a ocasionar es, como decía antes, un atracón informativo, con el consiguiente malestar emocional. ¡Que es lo que me ha pasado a mí!

¡Ah! No había leído tres artículos sino cuatro ¿o fueron más?
Lo que os decía: si se quiere fortalecer la salud “esto de Internet hay que tomárselo con mucha tranquilidad”


Hasta la próxima ¡Salud!

P.D.: Cuando estaba haciendo esta entrega el ordenador se paró, quedándose “out” hasta que nos lo han arreglado, imponiéndome una pausa obligada. Nos han dicho que lo que le pasaba es que se ha degradado porque se ha ido sobrecargando.

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