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10 de febrero de 2014

Hoy quisiera hablar de un concepto básico en nutrición.  De primeras parece que no tiene mucho que ver con la nutrición, pero cuando uno  se para a considerarlo en profundidad se da cuenta de su gran sabiduría. Este principio no es otro que: “No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra de Dios”

Este consejo está sacado de la Biblia, que lo repite en el Antiguo y en el Nuevo Testamento, ya que Jesucristo lo citó también.  Y si se repite es que debe ser que es muy importante. ¡¡¡ Y sí que lo es!!!

 Porque si en nutrición queremos llegar a algo más que no sea solo la superficie del problema, si queremos llegar a la raíz del problema, debemos tener en consideración la verdad que encierra este principio, que nos indica que el ser humano es algo más que un cuerpo material,  que también tiene un espíritu al que hay que alimentar. No tener en cuenta esto es engañarnos a nosotros mismos. Si sólo hacemos caso a nuestro cuerpo material estamos dejando de lado la otra mitad de nuestro ser: la espiritual.

Y ¿Con qué se alimenta a este espíritu? La Biblia es  contundente: Con la palabra de Dios

 Si no hacemos caso a este principio nuestro espíritu tendrá hambre,  hambre espiritual.

El problema está cuando no haciendo caso a esta verdad se intenta calmar este hambre  espiritual comiendo  alimentos físicos que no  la pueden saciar.  Por eso en nutrición es importante llegar, en un momento dado, a tratar este asunto: ¿Estamos alimentando nuestro espíritu con lo que de verdad le sacia?

Si nunca nos planteamos esta pregunta,  puede ser que estemos bien nutridos físicamente, pero nuestro espíritu estará anémico y nos pedirá, día tras día, que le demos de comer el único manjar que sacia su hambre y su sed: la palabra de Dios.

Piénsalo,  el hacer caso a esto puede hacerte saciar ese hambre que no has podido saciar con nada hasta ahora, y además, puede ayudarte a controlar ese peso que por años se te ha resistido.

Hasta la próxima ¡Salud!

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07 de febrero de 2013

El otro día fui a una conferencia y  me fijé en las manos de uno de los ponentes: tenía todos los dedos destrozados, sus uñas eran la mitad de lo que debían de ser, estaban todas comidas.

Era una persona adulta, intelectual, pero sus manos hablaban y decían  cosas importantes acerca de él.

Cuando una persona se come las uñas es que algo no anda bien.  Mucha gente dice que se las come por nerviosismo, como por ejemplo antes de un examen. Si es algo puntual se puede admitir, pero normalmente esto no es así. Suele ser una situación mantenida en el tiempo.

Estas personas pueden ser nerviosas,  pero hay algo más: una inseguridad, una falta de confianza en si mismas, una baja autoestima, y esto normalmente viene desde la infancia.

Si eres madre o padre, mira las manos de tus hijos, si esto está ocurriendo, lo mejor que puedes  hacer es no decirle nada directamente a él como: “No debes comerte las uñas”, esto no solucionará nada, en todo caso aumentará su ansiedad al ver que no lo puede evitar. Pero puedes hacer algo mejor.

Trasmite amor a tu hijo, hazle  saber lo importante que es, lo orgulloso que te sientes de él, las múltiples virtudes que tiene, no lo hagas en general, enuméraselás, no te inventes ninguna, pero seguro que siendo honesto puedes decirle muchas, y díselas convencido tú también. Haz esto  todos los días. Una buena costumbre es al irle a despedir por la noche, o al despertarle por la mañana. El oír esto de tus labios será la mejor medicina.  Si eres cristiana puedes decirlo en forma de bendición dando gracias a Dios por su vida. 

Si ya eres adulto, está terapia te la tendrás que aplicar tú solito, dándote cuenta de tu valía personal. Quizás no puedas curarte tú solo  y necesites ayuda de  un psicólogo.

Hay algo que ayuda de una manera especial y es saber que Dios nos quiere. Él ha dicho que “con amor eterno te he amado”. Este amor tan especial que Dios tiene por cada uno de nosotros es lo que  nos  da la base para una aceptación incondicional de nosotros mismos.

Hasta la próxima ¡Salud!

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27 de diciembre de 2012

Unos de los hechos  que más me ha llamado la atención en esta Navidad ha sido un pasaje de la Biblia que dice que Juan, el que luego sería llamado ” el Bautista”, cuando tenía seis meses de vida intrauterina, saltó de alegría cuando estaba en el vientre de su madre, al recibir esta la visita de la virgen María, que ya estaba embarazada de Jesús.

He de reconocer que este pasaje me encanta, ¡¡¡ Un feto de seis meses saltando de alegría!!!

 Para mi este versículo es muy importante. Primero porque está escrito por un colega, Lucas su autor, era “el médico amado”  del que habla la Biblia. Segundo porque está escrito hace tantísimo tiempo, y recién la ciencia le ha dado la razón a esta afirmación corroborando que a las 25 semanas el oído del feto ya está maduro pudiendo diferenciar entre sonidos buenos y malos, y experimentando sensaciones al momento.

Y es que Elisabet, su madre, dice exactamente eso, lo podéis leer en Lucas capítulo 1 versículo 44: “Porque tan pronto como llegó la voz de tu salutación a mis oídos, la criatura SALTÓ DE ALEGRÍA en mi vientre”.

¿Qué me decís,  no os parece maravilloso? A mí sí, me parece precioso. Y para todos los que defendemos los derechos del niño no nacido y de la mujer embarazada, me parece un texto muy esclarecedor de que el ser que está en el vientre materno, aunque no haya nacido aún, tiene sentimientos y emociones, como digno miembro de la raza humana que ya es.

Durante estos días “navideños” he estado considerando este versículo y también yo, como Juan, he estado alegre por las buenas noticias que representan estas fechas: la llegada del Salvador  a este mundo.

Es lo mismo que te deseo para ti que me estás leyendo, alegría, auténtica alegría en estas fechas tan entrañables.

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29 de marzo de 2012

Mujeres sobresaturadas, llenas de trabajos, con más responsabilidades de las que pueden asumir, trabajando dentro y fuera de casa, cuidando de  propios y extraños.

El trabajo es agotador, las responsabilidades abrumadoras, el tiempo no da, se vive sin vivir, no se presta la atención debida a  lo que se debe, se va haciendo sólo lo que se puede.

¿Cómo hemos podido asumir tantas tareas sobre nuestras espaldas? Algunas por necesidad imperiosa, el dinero se necesitaba para vivir. A otras no les ha obligado la necesidad de sobrevivencia, pero el caso es que están ahí , y ya no pueden  bajarse del tren de vida en el que poco a poco se han subido.

Actualmente pocas mujeres pueden escaparse de esta voragine tan agotadora.

Y no es que la mujer en otros siglos no estuviera trabajada, que lo estaba y mucho. Pero aquí estamos nosotras con múltiples aparatos que nos ayudan en nuestras tareas,  como lavadoras, friegaplatos…, pero igual de agotadas o más.

El ritmo del siglo XXI agota y de algún sitio hay que sacar las fuerzas para seguir adelante y para no mermar nuestra salud,  porque este ritmo de vida es insalubre.

Últimamente me he dado cuenta de la importancia de no pensar más allá del segundo que estoy viviendo. Pensar en el día de mañana, o en la semana y no digamos en el mes que tengo por delante me abruma, pero el segundo actual,   pesa poco, pesa sólo un segundo y eso lo puede resistir facilmente.

 Como creyente que soy uno de los recursos principales que tengo a mi disposición, y a la tuya si es que así lo deseas, es confiar en  las fuerzas infinitas del Señor: “te sostendré por la mano” dice él, y también “venid a mi todos los que estáis trabajados y cargados que yo os haré descansar” a estas palabras me aferro con fuerza.

Y otras de las cosas que me refresca  y renueva es descansar en el el domingo ¡¡¡ bendito regalo!!! . Pero este tema tan importante bien merece una entrada  aparte.

Hasta la próxima ¡Salud!

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24 de diciembre de 2011

Cuando por estas fechas veo las calles de las ciudades iluminadas, y las gentes regalándose  cosas, no puedo por menos que sorprenderme. La mayoría de las personas que viven en estas ciudades son agnósticas, entonces ¿Por qué hacen todo esto?

Hace pocos días una  joven me decía:  “Parece que no es Navidad, ya no es como antes”. Y es verdad, cada año encuentro la Navidad más vacía. Se hace mucha propaganda de ella, pero cuando por fin llega ¡¡¡ Puf!!! se va rápidamente y te preguntas ¿Y esto era todo?

La razón de este vacío, según yo lo entiendo,  es que se quiere ocultar  al verdadero protagonista: ” Jesús”.  Se le olvida o claramente se le ignora. ¡Y claro! a base de hacer un cumpleaños sin invitar al que cumple los años, la fiesta resulta vana.

No encuentro mejor manera para llenar  esta fiesta de su genuino significado que ir a las fuentes. Durante estas fechas me gusta leer en los Evangelios el nacimiento de Jesús;  luego medito sobre ello, y así encuentro el  verdadero sentido de lo que celebro.

La belleza del relato de lo que vamos a recordar  esta noche no tiene igual. Una virgen teniendo un niño, y acostándolo en un pesebre porque no hay lugar para ellos en el mesón;  los ángeles apareciendo a los pastores para comunicarles la noticia;  los pastores buscando al niño envuelto en pañales; unos sabios viniendo de lejos siguiendo una estrella para dar a ese niño unos presentes y para adorarle como el Mesías.  ¡¿Se puede pedir más?!

Las luces de las ciudades y los regalos que nos hacemos,  son el eco  de lo que este Niño significa realmente: la luz del mundo y el regalo de Dios para la humanidad.  

 Así el consumo desmedido, los nervios por los preparativos, las disputas familiares pasan a un segundo plano,  y me deleito recordando lo que dijeron los ángeles a los pastores: ¡Gloría a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!

 Realmente es cierto, la vida de Jesús es la más bella historía de amor jamás contada.

¡¡¡Feliz Navidad!!!

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14 de septiembre de 2011

Por fin vuelvo. El ordenador ha estado descansando, y yo también. En casa hace tiempo que ya todos nos despertamos al son del despertador, en fin que ya todo ha vuelto a la rutina y a la cotidianidad. ¡Y cada año parece costar más!

Y si me pongo a pensar tampoco tiene nada de malo. Volver a lo cotidiano tiene muchas cosas buenas, por ejemplo el reencontrarme con vosotras por medio del blog.
Las bonitas experiencias vividas este verano con la familia y amigos, el recuerdo de la naturaleza, del precioso cielo estrellado, todo esto está ahí en mi mente para poder volver a ello cuando lo necesite, pero ahora el presente, y el futuro me llaman, y aquí estoy.

En esta época siempre digo que es un buen momento para hacer planes, para poner delante de nosotros proyectos que nos ilusiones, tenemos todo un nuevo curso para, poniéndonos en las manos de Dios, marchar adelante y realizarlos.
Estos proyectos ilusionantes nos revitalizarán a nosotros y a nuestra salud. Es tiempo de mirar en perspectiva, a estos doce meses que, si Dios quiere, tenemos por delante, y planear cosas nuevas, o replantearse las de siempre para ver cómo han de afrontarse este año. Siempre por estas fechas apetece introducir algo de novedad en nuestras vidas.

Me gustaría despedirme con la décima que popularizó el Doctor Letamendi*, quizás alguien se inspire en ella para proponerse algún reto, son principios sencillos pero a la vez auténticos tesoros para fortalecer nuestra salud.

Vida honesta y ordenada,
usar de pocos remedios,
y poner todos los medios
en no apurarse por nada.
La comida moderada,
ejercicio y diversión,
beber con moderación,
salir al campo algún rato,
poco encierro, mucho trato,
y continúa ocupación.

Hasta la próxima ¡Salud!

* Esta décima parece ser que no es original del médico español José Letamendi(1828-1897), sino del también español Francisco Gregorio de Salas (1729-1808)

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30 de julio de 2011

Antes de desconectar el ordenador en agosto, para que disfrute de unas merecidas vacaciones veraniegas, y de paso así también poder descansar yo. Quisiera compartir en el blog algo que me parece muy importante.

Se trata de las noticias que nos llegan desde el Cuerno de África, y de la situación tan desesperada que están viviendo allí millones de personas.

La sequia, las guerrillas internas, los grupos terroristas que no dejan pasar a las ONGS que podrían llevar algo de ayuda, la falta de gobierno que gobierne y ponga orden. La gente huyendo intentando llegar a la frontera con Kenia, haciendo cientos de kilómetros a píe para llegar a los campos de refugiados. Campos de refugiados que casi no pueden ofrecer ninguna ayuda de lo abarrotados que están. Madres que dicen que en el camino han tenido que elegir a qué hijo salvar porque no podían salvar a todos. Me pongo en su lugar, sería terrible.

Y niños, niños muriéndose de hambre.

Cuando veo en televisión a esos niños, su mirada lo dice todo, todo lo que ellos no pueden decir lo dice esa mirada, y yo la he visto y no se me puede olvidar.

No se me puede olvidar la belleza de esas madres somalíes y el dolor reflejado en sus rostros y en sus palabras, unas palabras que acusan que nadie está haciendo nada por ayudarles.

Si les dejamos morir sin hacer nada la historia nos juzgará y nos declarará culpables, y no vamos a poder excusarnos en que no lo sabíamos, porque no es cierto; esas madres con sus palabras y esos niños con sus miradas nos han dicho a las claras que su situación es de vida o muerte.

Y yo desde aquí quiero utilizar este blog para hacer algo por ellos, ellos necesitan mi ayuda, ellos necesitan tu ayuda, ellos necesitan nuestra ayuda. Los médicos que trabajan sobre el terreno dicen que cuando a esos niños se les da de comer y de beber remontan la situación y salen del peligro. Sólo necesitan que les demos esa ayuda.

No puedo olvidar esa mirada ¿Y tú?

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21 de junio de 2011

Conversar es un arte, y muy pocas personas son artistas en este campo, yo desde luego no.

Escena típica. Dos mujeres quedan para charlar. Una de ellas empieza la conversación.
-Mujer A: ¿Qué tal? Hace mucho tiempo que no nos vemos.
-Mujer B: Si hace mucho tiempo que no nos vemos porque… bla, bla, bla… y bla, bla, bla…
La mujer A intenta meter baza para poder hablar, pero la mujer B en seguida lleva la conversación a su tejado y sigue hablando de sus cosas.

Después de algunas horas de monólogo prácticamente ininterrumpido la primera a duras penas logra decir:
-Mujer A: Bueno me tengo que ir, es que ya se ha hecho tarde
-Mujer B: Pero si no me has contado nada de ti, tenemos que quedar otro día para que me cuentes.

La mujer A se va a casa frustrada porque no ha podido decir nada de lo que la pasaba y la mujer B no se ha favorecido de la que podía haber sido una conversación enriquecedora porque no ha dado espacio ni tiempo a su interlocutora.

Esta situación es frecuente y yo me pregunto: Realmente ¿Es esto una conversación?

Me gusta definir la conversación como: “Hacer un verso con”, pero para eso las diferentes partes deben de tener la oportunidad de hablar y la oportunidad de escuchar.
La conversación es terapéutica. Y no cabe duda de que contribuye a preservar nuestra salud. Hablar sobre un problema hace que este empiece a solucionarse. Por la ventana de la conversación entra aire nuevo a nuestra mente que contribuye a despejar la situación.

Dicen que tenemos una boca y dos oídos, porque debemos oír más que hablar. Pero es que hay personas que, en una conversación, siempre hablan muchísimo más que escuchan, y otras que siempre escuchan más que hablan.
Si eres una artista en el arte de la conversación ¡felicidades!
Pero si todavía te queda mucho por mejorar, como me pasa a mi, debemos ser conscientes de qué tipo de mujer somos “boca” u “oído” y así de una manera consciente hacer esfuerzos premeditados para enriquecernos con aquella cualidad de la que estemos más escasas.
Hasta la próxima ¡Salud!

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25 de mayo de 2011

El otro día vi un anuncio que me llamó la atención, en él se daba una página web,
su nombre me pareció interesante, “siempre hay una razón para vivir”, así que me metí en ella y la ojeé. Vimos el video en casa y nos gustó tanto que lo visualizamos varias veces. Nos pareció muy emocionante.
Aunque no tengo nada que ver con la entidad que lo promociona, sí que comparto con ella una serie de valores.
Este video me hizo pensar en cuál es mi razón para vivir, porque todos necesitamos una razón para vivir.
Conozco a personas desalentadas, que me dicen: “no tengo ninguna razón para vivir”. Y ese desánimo les lleva con el tiempo, a caer en un estado depresivo, del que a veces les es muy difícil salir.
Las razones para vivir son muy importantes para la salud. Las buenas razones aumentan la fortaleza personal, aumentan la salud.
La no existencia de razones o la existencia de razones equivocadas o falsas, que no dan seguridad verdadera, a la larga van a perjudicar nuestra salud.
Es muy importante tener una buena razón para vivir. Y yo no encuentro ninguna razón mejor para vivir que todo lo relacionado con Dios y su gloría, aplicado de una manera personal a la vida de cada uno.
Una buena razón para vivir es un poderoso motor en nuestras vidas. Nos va a dar esperanza, fuerza, motivos por los que levantarnos cada mañana y enfrentarnos a la lucha diaria, etc.
Por eso hoy os quiero dejar con esta reflexión, que sin lugar a dudas puede influir mucho en nuestra salud, en nuestras vidas.
Siempre hay una razón para vivir ¿cuál es la tuya?

Aquí os dejo el video

Hasta la próxima ¡Salud!

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09 de mayo de 2011

Siempre he oído hablar de la Declaración Universal de Derechos Humanos, pero la verdad es que nunca me he parado a leerla detenidamente.
En el desarrollo de esta declaración fue calve el Holocausto producido en la Segunda Guerra Mundial.
Si consideramos las atrocidades que se produjeron en este periodo nefasto de la historia de la humanidad, no podemos por menos que solidarizarnos con esta declaración y tenerla siempre muy en mente para defenderla y hacer que se defienda, para que nada parecido pueda volver a ocurrir.
Parece que hablar de los derechos humanos en un blog de salud no tiene mucho que ver, pero esto no es cierto. Tiene que ver y mucho. El desarrollo de los derechos humanos no sólo tiene que ver con mi salud- tú salud-la salud del otro, sino también con la salud de la sociedad en la que se vive. Pero va más allá, porque los derechos humanos en última instancia están relacionados con la vida.

Os dejo un enlace para que todas aquellas personas que deseéis leerla podáis hacerlo.

Hasta la próxima ¡Salud!

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