Archivos con la etiqueta: Hábitos saludables

05 de marzo de 2014

Yo siempre digo lo siguiente: “En cuestión de salud, todos los excesos pasan factura, y…todas las facturas, se pagan

Voy a poner unos ejemplos sacados de la vida real.

Los que

  • no dejan de fumar  y al final debutan con un cáncer de pulmón, o de garganta.
  • toman tanto dulce que al final acaban con una diabetes tipo II
  • no dejan de beber y acaban destrozando su hígado y su familia.
  • no incluyen en su dieta las frutas  y verduras, sino que abusan de  las carnes  y acaban con un cáncer de recto.
  • se empeñan en ponerse vuelta y vuelta en las playas a tomar el sol, y acaban con un cáncer de piel.
  • no quieren salir de sus casas para andar y hacer ejercicio  y cuando son un poco mayores están llenos  de dolores y con una movilidad reducidísima a causa de  la osteoporosis.
  • etc., etc.

En la otra cara de la moneda están aquellas personas que haciendo caso a los consejos dejan “el exceso en cuestión que a ellos les atosigaba” y  elevándose sobre sus propias alturas recuperan una salud de la que antes carecían.

Cuantos exfumadores reconocen lo bien que están ahora que no fuman, cuantos que han dejado el dulce recuperan las cifras normales de glucosa, y cuantos que antes eran unos adictos al sillón confiesan que ya no son capaces de pasarse un día sin hacer ejercicio, sintiéndose mucho más activos y optimistas.

El caso más extremo de recomposición de una vida en otra, lo tenemos en los enfermos con VIH positivo, que una vez recibido el diagnóstico deciden ordenar sus vida, en todos los aspectos,  y ven como en recompensa baja su carga viral hasta hacerse prácticamente imperceptible, dándose casi por curados.

Y es que… todas las facturas , para mal y para bien, se pagan.

Hasta la próxima  ¡Salud!

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25 de abril de 2013

Es bueno ver la salud como un puzle, en el que cada  pieza tiene su importancia. A veces no sabemos cómo empezar, pero lo importante es empezar poniendo una pieza y poco a poco ya irán encajando las demás.

Una pieza clave  es acostarnos pronto en la noche. Así descansaremos mejor, y el sueño podrá hacer su trabajo reparador, por lo que  nuestro cuerpo se encontrará en mejores condiciones de levantarse antes  a la mañana siguiente para poder desayunar correctamente y tener tiempo de,  respondiendo al reflejo intestinal,  hacer de vientre con tranquilidad. ¡Más piezas van encajando!

Otra pieza  es adelantar los horarios de las diferentes comidas. El de la cena nos va a ser fácil adelantarlo, si es que nos vamos a ir antes a la cama, pero la comida del medio día no debe ser más tarde de las tres.

 Otra de las piezas a encajar es poder reunirse con la familia en torno a la mesa para comer. La Biblia dice al varón bienaventurado que “sus hijos son como plantas de olivo alrededor de su mesa”, pero ¡qué difícil es poder reunir a los hijos en torno a esa mesa! ¿Verdad? Pero esto es algo muy gratificante y necesario si queremos trasmitirles algo más que alimentos físicos a nuestros vástagos. Y es que el alimento espiritual es otra de las piezas importantes del puzle de la salud, me atrevería a decir que es la  más importante. Salud y salvación comparten la misma etimología.

 Y una vez sentados a la mesa el comer con calma, masticando tranquilamente;  agradecidos a Dios por lo que tenemos, eligiendo alimentos naturales, sanos y saludables,  olvidándonos de los industriales y prefabricados.

 El tener contacto con la naturaleza nos aporta ingredientes  necesarios para nuestro equilibrio. Y el hacer actividad física, por ejemplo, andar por esta naturaleza, para tener  contacto con la luminosidad solar que hará que podamos tener bien sincronizados nuestros relojes biológicos internos con el reloj de la naturaleza.

Hay muchas más piezas y algunas de ellas las podéis descubrir en las entradas de este blog 

Hasta la próxima ¡Salud!

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22 de enero de 2013

Hay personas que comen muy deprisa. En unos minutos son capaces de terminar con toda su comida.

Es como una carrera de “Fórmula uno” en versión comida. Meten un bocado en la boca y con los  cubiertos ya están cogiendo el próximo, y todo esto sin perder un minuto. Para ellos me he inventado un consejo en forma de refrán que dice: “Cuando los dientes están masticando, los cubiertos están reposando.

¿Son sanas estas prisas? No, no son sanas. Son una atrocidad sanitaría y  también culinaria.

Yo siempre digo que no merece la pena estar en la cocina  horas preparando una comida si luego esa misma comida va a desaparecer de los platos en cuestión de minutos.

Dicen que es sanísimo masticar bien cada bocado. No voy a caer en la tentación de poner el número de veces que un bocado debe de ser masticado, porque nadie  lo va a estar contando, sería una incomodidad; pero sí voy a decir que es útil masticar los sólidos hasta convertirlos en líquidos y los líquidos saborearlos como si fueran sólidos, esto nos da una buena idea de cómo debe ser la cosa.

La digestión empieza con los olores y con el deseo de comer los alimentos. De esa manera el cerebro está enviando mensajes para que se empiecen a secretarse las sustancias que nos ayudarán en la digestión. Para algunos productos, como los hidratos de carbono, la digestión empieza en la boca, por la acción de la ptialina de la saliva que comienza con su degradación. Cuanto más mastiqeumos un bocado, más lo saboreamos,  más lo ensalivamos y más triturado se lo damos al estómago para su correcta utilización.

La mesa es un punto de encuentro con la familia, con los amigos, es la plaza mayor de un pueblo que construimos nosotros con las personas que nos acompañan, o con nosotros mismos si comemos solos,  pero la prisa empaña todo su significado.

Tener un gesto de agradecimiento con Dios, que nos ha permitido degustar esa comida, y con las personas que la han elaborado, añadirá un punto de gratitud que dará un sabor especial a cada plato.

Hasta la próxima ¡Salud!

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15 de noviembre de 2012

Conozco a tantas personas diabéticas tipo 2,  que están mal controlados que me gustaría dedicarles esta entrada.

 Hay personas que dicen: “No, si yo no soy diabético, sólo tengo el azúcar alto”.

Pero esto es falso, porque si las determinaciones de glucosa en ayunas, de manera repetida te han salido  mayores de 126 mg/dl, no es “que tengas el azúcar alto ” es que” eres diabético”, y deberás ponerte, desde un principio, en manos de un médico para un correcto tratamiento. ¡Esto es fundamental, para asegurarte un futuro lo más saludable posible!

Otras personas saben que son diabéticas pero mantienen un estilo de vida poco saludable. Por ejemplo sus horarios de comidas son desorganizados, comen y cenan cuando pueden, a horas diferentes cada día. No hacen las cinco comidas recomendadas, etc., etc.

Algunas no incorporar la actividad física como algo necesario en sus vidas.

Otras personas siguen manteniéndose obesas y no logran conseguir las fuerzas necesarias para adelgazar. Pero esto es terrible para ellas porque toda esa grasa de más está demandando de su páncreas un sobre esfuerzo que no puede realizar. 

La diabetes es una enfermedad crónica y progresiva. Lo que quiere decir que una vez diagnosticada hay que ponerla tratamiento, porque nunca se  va a dejar de ser diabético.

La clave para un buen tratamiento en la diabetes tipo 2 pasa por cuatro pilares:

  1.  Educación en la enfermedad.
  2.  Dieta.
  3.  Ejercicio.
  4.  Y a veces tratameinto farmacológico:al principio serán antidiabéticos orales, y con el paso del tiempo, casi siempre se suele necesitar insulina inyectada, ya que la enfermedad es progresiva.

Otra de los grandes errores es decir: “Yo no me quiero poner insulina, porque un conocido mio cuando se la puso se quedó ciego”. No,  la insulina no deja ciego a nadie, lo que ocurre es que la diabetes afecta, además de a los nervios, la llamada neuropatía diabética;  a los vasos sanguíneos del riñón y de la retina, de ahí que muchas personas sufran alteraciones en la visión, que no son producidas por el tratamiento, en este caso la insulina, sino por la enfermedad en sí misma.

Como siempre, la verdad es mejor que la mentira, también en la diabetes.

Hasta la próxima ¡Salud!

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30 de octubre de 2012

No, no me refiero a sí estamos cuidando el huerto de nuestra casa, si es que lo tenemos, me refiero a si estamos cuidando “nuestro cuerpo”.

Ver nuestro cuerpo como un terreno que cuanto mejor le cuidemos, menos problemas de enfermedad nos va a dar, es un gran avance en cuestión de salud.

En esto de cuidar nuestro terreno tiene que ver mucho cómo le nutramos: ¿Qué alimentos estamos comiendo?, y cómo le regamos:¿Qué y cuántos líquidos estamos bebiendo? 

En la medicina oriental también se da mucha importancia a la meditación. Yo como soy cristiana le doy importancia a la oración, y a seguir los sabios consejos contenidos en la Biblia, que por raro que parezca  tienen que ver mucho con nuestra salud, porque ya se sabe: “No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” 

De cara al otoño-invierno que tenemos encima hemos de ir preparando nuestro terreno para defendernos de los típicos resfriados y gripes. ¿Qué cómo podemos prepararnos? Introduciendo en nuestra dieta, según vayan llegando, alimentos típicos de la temporada. Descartando todos aquellos alimentos artificiales, prefabricados, auténticas fuentes de toxinas, y añadiendo alimentos naturales, principalmente, frutas y verduras, pescados, legumbres,  frutos secos, aceite de oliva,  yogures, etc. Y disminuyendo, por ejemplo,  las grasas animales y embutidos.

Bebiendo abundante  agua, o zumos naturales, por ejemplo de naranja, olvidándonos de los refrescos comerciales,  y algo fundamental, descartar al máximo el azúcar y la harina blanca  de nuestra alimentación.

Cuidar el terreno también incluye: Hacer las comidas a sus horas, descansar el tiempo adecuado, hacer deporte, tener contacto con la naturaleza disfrutando de la luminosidad del sol  etc.

¡Qué ustedes lo cuiden bien!

Hasta la próxima ¡Salud!

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19 de septiembre de 2012

No quiero ser hipertensa, no quiero tener que tomar pastillas toda mi vida. ¿Puedo hacer algo para remediarlo?

Esta es una pregunta muy frecuente y la respuesta es: SI, se puede hacer algo.

Cuando se va al médico y al tomar la tensión,  la máxima  se sitúa entre los 120 y 140 milímetros de mercurio, y la mínima  entre 80  y 90, hablamos de prehipertensión. Esto significa que la persona no tiene aún hipertensión, pero la tendrá en el futuro al menos que corrija sus hábitos.

Por debajo de 120/80 hablamos de tensión normal.

Aquí van cinco consejos importantes, como si fueran los cinco dedos de la mano para recordarlos fácilmente:

1.- Reduce el consumo de sal: Procura cocinar sin sal y no pongas el salero en la mesa. Para dar sabor utiliza otros elementos como las hiervas aromáticas. Evita los alimentos procesados e industriales,  suelen tener mucho sodio que es el elemento de la sal que sube la tensión, y opta por los naturales.

2.- Reduce el peso: la tensión arterial sube a medida que el índice de masa corporal aumenta, en los casos de sobrepeso y obesidad, adelgazar es la medida más eficaz para reducir la tensión arterial.

3.- Presta atención a tu dieta: opta por una dieta rica en frutas, verduras, productos lácteos desnatados, frutos secos, pescado, pollo. Disminuye la ingesta de grasas animales, carnes rojas, azúcares y alcohol. (Cantidades pequeñas de vino pueden tener un efecto beneficioso). Si estás acostumbrada a tomar un café por las mañanas, puedes seguir tomándolo, pero más de esto evítalo.

4.- Practica una actividad física: correr, nadar, pasear a un ritmo rapidito,  menos media hora al menos tres veces a la semana  es suficiente.

5.- Evita el estrés:  Las situaciones puntuales  de estrés se pueden considerar normales  y necesarias, pero el estrés sostenido,  que nos impone esta sociedad,  es  muy dañino y contra él debemos luchar. Las técnicas de relajación que incluyen la respiración profunda son muy útiles. Como creyente también recomiendo la oración y el  poner la confianza en un Dios que nos cuida y nos quiere, el cual nos invita a que echemos toda nuestra ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de nosotros.

Hasta la próxima ¡Salud!

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16 de agosto de 2012

Hemos regresado de las vacaciones,  abrimos la nevera y está ¡¡¡vacía, absolutamente vacía!!!  Así que una de las primeras cosas que tenemos que hacer es ir al supermercado  o al centro comercial más cercano,  para llenarla. Y es aquí donde empieza el problema para muchas personas.

Si eres de las  que luchan por mantener los kilos a raya,  este es un momento de esos que se pueden llamar críticos,  porque además puede ser que ya vengas con algún kilito de más, ya  que no te has querido  privar – también en vacaciones- de algún que otro capricho culinario. ¡¡¡Y haces bien que de vacaciones sólo se está una vez al año!!!

 Así que lo mejor, aunque resulte difícil por la premura de la situación neveril que invita a comprar de todo,  es sentarse,  y con la cabeza fría y  el estómago lleno,  hacer una lista de lo que realmente necesitamos, por que si no estamos perdidas, y corremos  el riesgo de llenar el cesto de la compra con alimentos de los que dejan huellas perdurables en forma de michelines.   

¿A ver si te suena  esta situación?  Estás en la fila de las cajas registradoras de un gran supermercado en estos días post- vacaciones. La persona que va delante de ti, y que también acaba de llagar del veraneo,  está descargando su preciada mercancía compuesta de: barras de chocolate, diferentes tipos de galletas,  postres dulces a discreción, refrescos de cola y de otros muchos sabores,  una gran variedad de embutidos, alimentos precocinados hipercalóricos y al final, y para que no se diga,  alguno, muy pocos, alimentos básicos. ¿Te suena esto? A mi sí, lo he vivido hace poco.

Bueno pues nada, que  ante nosotros se presenta el primer reto de la vuelta a lo cotidiano: Llenar la nevera y la despensa  con cordura.

¡Que la llenes bien!

Hasta la próxima ¡Salud!

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31 de mayo de 2012

Se presenta después de seis días de trabajo agotador, como un remanso de paz, como un oasis de descanso. Y está ahí desde el principio, ofrecido como un regalo, como un regalo de amor.

“Seis días trabajarás y uno descansarás”.  Algunas sociedades han querido cambiar este esquema y han intentado imponer otra semana diferente, como  la semana de diez días  en la Revolución Francesa, pero se desechó al cabo unos años. ¡Simplemente no funcionaba! 

Lo bueno es poder hacer toda nuestra tarea durante seis días y el séptimo descansar  ¡¡¡  Sin complejos!!! Esto no será un retraso en nuestro trabajo, de seguro el lunes tendremos energías renovadas.

El ritmo de seis días de trabajo y uno de descanso encaja a la perfección con las necesidades humanas. Verna Wrights, profesor de Reumatología de la Universidad de Leeds y consejero del Departamento de Salud y Seguridad Social, se refirió a la sabiduría de este ciclo de seis días de trabajo y uno de  descanso y recalcó que al igual que el cuerpo humano necesita un ciclo de veinticuatro horas, el séptimo día de descanso encaja perfectamente con las necesidades del hombre.

Es recomendable para mantener el equilibrio entre trabajo-descanso. Nos posibilita el desconectar de todo aquello que nos agobia durante los seis días  precedentes,  nos brinda un tiempo de encuentro relajado con familiares y amigos, que de otra forma se haría muy complicado. Para las personas que somos creyentes nos da la situación ideal de poder dedicar un tiempo especial a Dios. 

Ecológicamente es beneficioso, está comprobado que los niveles de polución disminuyen al no haber actividad industrial y circulatoria. Los animales también pueden gozar de un día de descanso reparador.

 Una familia que disfruta de este día especial lo espera con agrado, los niños lo disfrutan sabiendo que  en ese día sus padres pueden dedicarles un  tiempo especial, con actividades diferentes, que quedarán impregnadas en sus mentes  para siempre, como uno de sus recuerdos más bonitos.

El cuerpo lo necesita, la mente lo necesita y el espíritu lo necesita.

Nos proporciona salud física, mental y espiritual. ¿Qué más se puede pedir?

Hasta la próxima ¡Salud!

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19 de marzo de 2012

Me gustaría hablaros hoy de la vitamina D como unos de los mejores “antiedad” que podemos encontrar.

La vitamina D natural ” el colecalciferol” la podemos obtener de los alimentos: está  por ejemplo en los peces y en los productos lácteos, pero su presencia en la dieta no es esencial, ya que, y esto es lo más interesante, la podemos sintetizar si exponemos nuestra piel a una cantidad suficiente de luz solar.

Es esencial para la formación normal del esqueleto y para el mantenimiento de unos niveles aceptables de calcio en el organismo.

Su falta ocasiona, en los niños,  el raquitismo; y en los adultos,  la osteomalacia.

Pero sus efectos no se limitan a estas acciones, se ha visto que también previene las siguientes patologías:

 accidentes cerebro vasculares

 hipertensión arterial

 diabetes tipo II

 infarto agudo de miocardio

 síndrome metabóloico

 demencia, por ejemplo  tipo Alzheimer

enfermedad de Parkinson

 cáncer colorectal,  de mama y  de próstata

 degeneración macular de la retina

 periodontitis 

 También previene el riesgo de fracturas óseas y el riesgo de caídas y aumenta la fuerza muscular 

Como podemos ver sus acciones son muy amplias y benefactoras.

Se ha visto que  la mayoría de los ancianos que salen poco a la calle tiene déficit de vitamina D, por lo que lo correcto sería darles suplementos diarios de vitamina D a las dosis adecuadas.

Pero ¿Qué pasa con nosotras que no somos ancianas, por lo menos no todavía? ¿ Qué podemos hacer para beneficiarnos de sus efectos?

El hecho de que la podamos sintetizar en nuestra piel al exponernos a las radiaciones ultravioletas de la luz solar,  nos abre todo un mundo de posibilidades. Podemos hacer del sol nuestro aliado.

Deberíamos priorizar el apartar todos los días un rato para salir a tomar el sol. Media hora al día con  cara y  manos descubiertas es suficiente.  Y si además,  al salir nos proponemos ir andando a paso ligero,  potenciamos sus efectos. Y si en vez de salir solas lo hacemos en una compañía agradable ¿Qué más podemos pedir?

 Buenos os dejo que hace un día precioso y me voy a pasear.

Hasta la próxima ¡Salud!

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06 de marzo de 2012

Últimamente me estoy dando cuenta del valor de la esperanza. Así que cuando leí este artículo y vi que en él se relacionaba la esperanza  con la salud mental me dió que pensar.

 En el libro “¿Se puede prevenir el envejecimiento del cerebro?” ( Alianza Ensayo, Mayo 2010), su autor, el Dr. Francisco Mora,  dice que SÍ se puede prevenir el envejecimiento cerebral, pero siempre que sigamos determinado estilo de vida. En concreto él propone 12 claves. 

Aquí os las dejo porque creo que son de muchísima utilidad.

1. Comer menos y de modo saludable.

2. Hacer ejercicio físico aeróbico con regularidad.

3. Ejercitar la mente todos los días. Él propone que aprender un nuevo idioma, es un excelente estímulo cerebral, sobre todo si se superan los 40 años,  porque lo que el cerebro requiere son nuevos desafíos como el aprender y el memorizar. Con lo difícil que resulta con los años, pero se ve que es necesario.

4. Viajar mucho.

5. No vivir solo. El aislamiento social es nefasto para envejecer con éxito

6. Adaptarse a los cambios sociales. Esto prueba día a día nuestra elasticidad mental

7. Procurar no vivir con estrés y con desesperanza.

Y aquí está el valor de la esperanza, pero añado yo,  que deberá ser una esperanza basada en cosas sólidas y no en falacias;  y viene a mi mente el cuento de “los tres cerditos” para ilustrar lo que quiero decir, y de verdad que no encuentro nada más sólido que la figura del Señor  Jesús: su vida, su obra y su resurrección, como colofón que da credibilidad a todo lo demás. 

8. No fumar.

9. Disfrutar de un sueño placentero “solo con la luz del cielo” sin luz artificial. Para que se pueda secretar   la melatonina y pueda ejercer sus múltiples acciones beneficiosas.

 10. Evitar el “apagón” emocional que supone la jubilación para muchas personas.

11. Dar sentido a la vida con agradecimiento.

12. Alcanzar la felicidad de las pequeñas cosas.

Yo añadiría una clave más, 13. Revisiones médicas periódicas para control de: la tensión arterial, glucemia, colesterol, y prevención del cáncer.

Son trece retos, trece campos en los que podemos ejercitarnos, no importa cuán jóvenes o mayores  seamos. La recompensa será  grande

Hasta la próxima ¡Salud!

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