Archivos con la etiqueta: Adelgazar

10 de febrero de 2014

Hoy quisiera hablar de un concepto básico en nutrición.  De primeras parece que no tiene mucho que ver con la nutrición, pero cuando uno  se para a considerarlo en profundidad se da cuenta de su gran sabiduría. Este principio no es otro que: “No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra de Dios”

Este consejo está sacado de la Biblia, que lo repite en el Antiguo y en el Nuevo Testamento, ya que Jesucristo lo citó también.  Y si se repite es que debe ser que es muy importante. ¡¡¡ Y sí que lo es!!!

 Porque si en nutrición queremos llegar a algo más que no sea solo la superficie del problema, si queremos llegar a la raíz del problema, debemos tener en consideración la verdad que encierra este principio, que nos indica que el ser humano es algo más que un cuerpo material,  que también tiene un espíritu al que hay que alimentar. No tener en cuenta esto es engañarnos a nosotros mismos. Si sólo hacemos caso a nuestro cuerpo material estamos dejando de lado la otra mitad de nuestro ser: la espiritual.

Y ¿Con qué se alimenta a este espíritu? La Biblia es  contundente: Con la palabra de Dios

 Si no hacemos caso a este principio nuestro espíritu tendrá hambre,  hambre espiritual.

El problema está cuando no haciendo caso a esta verdad se intenta calmar este hambre  espiritual comiendo  alimentos físicos que no  la pueden saciar.  Por eso en nutrición es importante llegar, en un momento dado, a tratar este asunto: ¿Estamos alimentando nuestro espíritu con lo que de verdad le sacia?

Si nunca nos planteamos esta pregunta,  puede ser que estemos bien nutridos físicamente, pero nuestro espíritu estará anémico y nos pedirá, día tras día, que le demos de comer el único manjar que sacia su hambre y su sed: la palabra de Dios.

Piénsalo,  el hacer caso a esto puede hacerte saciar ese hambre que no has podido saciar con nada hasta ahora, y además, puede ayudarte a controlar ese peso que por años se te ha resistido.

Hasta la próxima ¡Salud!

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16 de agosto de 2012

Hemos regresado de las vacaciones,  abrimos la nevera y está ¡¡¡vacía, absolutamente vacía!!!  Así que una de las primeras cosas que tenemos que hacer es ir al supermercado  o al centro comercial más cercano,  para llenarla. Y es aquí donde empieza el problema para muchas personas.

Si eres de las  que luchan por mantener los kilos a raya,  este es un momento de esos que se pueden llamar críticos,  porque además puede ser que ya vengas con algún kilito de más, ya  que no te has querido  privar – también en vacaciones- de algún que otro capricho culinario. ¡¡¡Y haces bien que de vacaciones sólo se está una vez al año!!!

 Así que lo mejor, aunque resulte difícil por la premura de la situación neveril que invita a comprar de todo,  es sentarse,  y con la cabeza fría y  el estómago lleno,  hacer una lista de lo que realmente necesitamos, por que si no estamos perdidas, y corremos  el riesgo de llenar el cesto de la compra con alimentos de los que dejan huellas perdurables en forma de michelines.   

¿A ver si te suena  esta situación?  Estás en la fila de las cajas registradoras de un gran supermercado en estos días post- vacaciones. La persona que va delante de ti, y que también acaba de llagar del veraneo,  está descargando su preciada mercancía compuesta de: barras de chocolate, diferentes tipos de galletas,  postres dulces a discreción, refrescos de cola y de otros muchos sabores,  una gran variedad de embutidos, alimentos precocinados hipercalóricos y al final, y para que no se diga,  alguno, muy pocos, alimentos básicos. ¿Te suena esto? A mi sí, lo he vivido hace poco.

Bueno pues nada, que  ante nosotros se presenta el primer reto de la vuelta a lo cotidiano: Llenar la nevera y la despensa  con cordura.

¡Que la llenes bien!

Hasta la próxima ¡Salud!

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21 de mayo de 2012

“¿Qué puedo hacer para disminuir mi tripa?, parece que todo se me acumula  en esta zona ”

Esta es una pregunta muy típica.

Hay personas que realmente están obesas y perdiendo kilos resolverían el problema. Pero hay otras  que sin llegar a tener sobrepeso acumulan mayor volumen en esta zona,  y es que hay que saber que en la tripa  y en “las cartucheras” hay más receptores que acumulan grasas que en otras zonas corporales, de ahí la facilidad para acumularla.

A esto hay que añadir que los músculos abdominales suelen estar flácidos por la falta de ejercicio.

Las mujeres que han pasado por un embarazo tiene más predisposición a tener distendida  la zona  abdominal. La gimnasia postparto es importante.  

 Pero el aumento de tripa no es sólo patrimonio femenino, hay muchos hombres con este problema.

Y este no es sólo un problema estético, se sabe que el aumento de perímetro abdominal (medido en las crestas iliacas),  por encima de 88 centímetros en mujeres y de 102 en hombres conlleva riesgo cardiovascular.

¿Qué se puede hacer?

Lo primero  es tener el deseo de lograr la meta, y después  ponernos manos a la obra, sabiendo que el proceso es  a largo plazo.

Dos son los pilares fundamentales

 El primero la dieta.

Detente a ver  si no estás ingiriendo más calorías de las que tú necesitas. Mira lo que comes. Algunas personas me comentan: “Es que a mi me pierde el pan, está tan rico”, a otrás lo que le pierde es la bollería, a otras  la cerveza.  En fin cada uno sabe su punto flojo.

También hay personas que notan que el vientre se les” hincha”  ante determinados alimentos como el: repollo, coliflor, etc., Si esto fuera así prueba a tomarte una infusión de hinojo.

También es muy importante no estar estreñida.

El otro pilar es el ejercicio para fortalecer los músculos abdominales. Normalmente estos músculos no se trabajan y con el paso de los años adquieren  flacidez. Búscate una tabla sencillita de ejercicios abdominales , y práctícala. No te plantees grandes hazañas: cinco o diez minutos en días alternos,  mantenidos en el tiempo,  es suficiente para  ver resultados.

Merecerá la pena

Hasta la próxima ¡Salud!

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31 de mayo de 2011

Hola Soy Rosa.
En la primera visita la doctora me dijo que tenía que cambiar de hábitos e incorporar el deporte en mi vida. Podía hacer el deporte con el que más cómoda me sintiera, a razón treinta minutos de actividad física moderada al día, al menos cuatro veces a la semana. No hacía falta realizarla en una sola sesión podía repartirla a lo largo del día. El andar a ritmo rapidito también valía.
Para mí esto es lo más difícil, porque tengo una vida muy sedentaria, pero estoy buscando truquillos para activarla.
Os compartiré algunos.
Lo primero que puse en práctica fue el dejar de coger el ascensor, o las escaleras automáticas, para subir las escaleras. Al principio era terrible, me ahogaba. Ahora ya lo hago sin problema. Pero si lo dejo, pierdo de nuevo fondo y me vuelve a costar.
Otro truco cuando tengo que desplazarme a algún sitio es no ir en el coche o en el transporte público hasta el mismo lugar, sino bajarme unas paradas antes e ir andando hasta el sitio deseado.
En el trabajo a la hora del descanso en vez de ir a la cafetería y volver a sentarme para tomar algo, lo he cambiado por un rato de paseo, en el que aprovecho para tomarme una fruta o algo preparado en casa. Una compañera de trabajo se ha sumado ala iniciativa, por lo que el paseo es más agradable.
Y el truco más especial es tomarme las tareas de casa como una actividad física. Intento hacer las cosas de tal manera que me sirvan de ejercicios. Todavía lo tengo que perfeccionar mucho, pero estoy en ello. Así que el día de limpieza fuerte semanal, lo considero como una salida al gimnasio. Planteármelo de esta manera me ayuda mucho.
Bueno, como os decía, esto incorporar la actividad física es lo que más me está costando.
Con esta entrega termino la serie de post que la doctora me pidió que compartiera. Para mi ha sido un todo un placer el haberos contado mi experiencia.
Un saludo muy cordial y hasta siempre, Rosa

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16 de mayo de 2011

Hola Soy Rosa. Os quiero contar algo muy importante para mí.
Como os decía al principio, en mi afán de adelgazar he hecho de todo. Y una de las peores cosas que he hecho ha sido hacer muchas dietas milagro.

He hecho la dieta rica en grasas, la rica en hidratos de carbono, la rica en proteínas,
la del pepino, la del pomelo, la de la alcachofa, la dieta de… y aquí puedes poner lo que tú quieras. ¡Qué locura!
Todas me prometían perder peso rápidamente, y algunas lo conseguían por un corto periodo de tiempo, pero ninguna me enseñaba a ver el origen de por qué comía como comía, ninguna me enseñaba a comer con cordura.
Y como eran dietas desequilibradas, imposibles de seguir por mucho tiempo, a las pocas semanas ya estaba harta de ellas y volvía a las andadas y lo que es peor: veía con horror como recuperaba los kilos perdidos y aún cogía más de los que antes tenía.
El daño que estas dietas han hecho a mi organismo todavía no lo sé con exactitud, pero lo que sí sé es que las locuras se pagan.

Hasta que un día, hace ya dos años y unos meses me lo planteé muy en serio y dije: ¡Basta ya, esto no puede seguir así! Y me puse en manos de un profesional.
Cuando fui a la doctora fue como descubrir un mundo nuevo.
Ya no se trataba de hacer dieta o de estar a régimen, sino de aprender a comer, a alimentarme, a ver por qué comía como comía. A empezar a tener otra relación con los alimentos: la forma en que los compraba, los preparaba, los comía.
Ahora todo tiene sentido, he aprendido principios de nutrición y los aplico.
He perdido peso poco a poco, pero lo más importante me he conocido y he aprendido a comer.
Por eso quiero dedicar esta entrada a todas las personas que están haciendo una dieta milagro, para que también haya un día en su vida en el que digan ¡Basta ya!
Saludos, Rosa

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25 de abril de 2011

Hola soy Rosa:

¿Por qué será que hay muchísimas personas que nunca tienen hueco en su estómago para comer fruta y siempre tienen sitio para tomar un trozo de tarta o pastel?
¿Por qué será que hay personas que detestan las verduras, que las consideran sosas, sin sabor, insulsas?
¿Por qué será que hay personas que no les gustan las frutas, que prefieren no comer fruta antes que pelarla?
¿Por qué será que hay personas que nunca elegirían como guarnición una ensalada?
¿Por qué será que hay personas incapaces de comer fruta o verdura y se vuelven locas con los embutidos, las salsas, los pasteles, los fritos, los helados, los snaks, la nata,
el chocolate y todo lo que lleve azúcar?
¿Por qué será que en los bares, restaurantes o cafeterías, nunca te ofrecen una “tapa” o ración de fruta, cuando tiene una forma de presentación muy fácil?

¿Por qué será?
No lo comprendo.

Bueno… si lo comprendo, porque yo era de las que antes pensaba así.

Antes de comprender que esto de mantenerte en tu peso no sólo es cuestión de ponerte a dieta unos días sino de aprender a comer bien.

He redescubierto las frutas y las verduras: solas, en ensalada, crudas, al horno, y de mil y una maneras.
Las he hecho mi aliadas. Me deleitan los sentidos, me ahorran tiempo en la cocina, porque son facilísimas de preparar-de hecho la mayoría se pueden comer crudas- me aportan mucha agua, fibra, vitaminas, minerales; me evitan estar estreñida; me hacen levantarme ligera de la mesa y con un frescor de boca delicioso.
Además me aportan muy pocas calorías ¿Qué más se puede pedir?

Con cariño Rosa

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28 de marzo de 2011

Hola soy Rosa.
Hoy me gustaría compartiros uno de mis mayores caballos de batalla:“ la gran cantidad de alimentos que almacenaba”.
Al abrir los armarios de mi cocina tú podías ver los estantes llenísimos.
Uno de los motivos que yo aducía era que los tenía ahí “por las visitas”, para tener qué poner cuando viniera alguien. Porque ¿qué pasaría si alguien venía a verme y no tenía nada qué ofrecer? Lo dicho, lo mejor era tener muchas cosas.
El segundo motivo eran los niños, porque a ellos les gustaban.
Esto sí que era cierto, a ellos le encantan, porque normalmente lo que yo guardaba eran productos a base de chocolate y bollería industrial.
Pero la realidad era:
Primero que no tenía tantas visitas como yo pensaba. Por lo que muchas veces para que los productos no caducaran me los acababa comiendo yo.

Segundo que a veces sí que venían visitas, a las que prontamente pasaba a agasajar con mi surtida despensa, pero muchas veces las visitas no tenían tanto apetito como yo pensaba. Y ¿a qué no sabéis quien se comía todo lo que había sacado? ¡¡¡ YO!!!

Tercero que estos productos son muy poco saludables, tanto para niños como para mayores.

Después de empezar con la doctora tuve que enfrentar esta situación con sinceridad,
y llegué a la conclusión de que yo tenía tantos productos calóricos porque me gustaban a mí, y que lo de las visitas y los hijos era una excusa.

A partir de ahí las compras fueron más razonables.
A indicación de la doctora iba a comprar después de haber comido, con el estómago lleno y siempre con una lista de alimentos. Alguna vez, después de esto, me he enfrentado varias veces en el supermercado a la tentación de meter en el carrito algún “caprichito” y ha ido de la estantería al carro y del carro a la estantería varias veces, pero en las situaciones en las que vence la cordura, que gracias a Dios cada día son más, llego a casa con una sensación de victoria que me recompensa.

Respecto a lo de los niños, todavía sigo teniendo algún alimento para ellos, pero les he explicado que no son para todos los días sino algo excepcional, y los he guardados en el estante más alto y menos accesible de la despensa. Me ha costado convencerles pero al final lo han asumido y toda la familia, incluido mi marido que también se dejaba llevar, estamos mucho mejor, tanto de salud como de fuerza de voluntad.

Saludos, Rosa

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15 de marzo de 2011

Hola a todas, soy Rosa y aquí estoy contándoos mi experiencia.

Unos de las primeras causas que contribuyeron a que cogiera, poco a poco, kilos de más, fue algo que nos suele pasar a muchas mujeres, y es el hecho de comer lo que sobra.
Me lo comía porque me da mucha pena tirar algo de alimento, va en contra de mi conciencia y tampoco iba a dejar un poco de comida sobrante.
¿Os suena familiar esta situación?
Mi marido me decía: “Haz menos comida”. Pero esto no es fácil porque yo siempre echaba un poco más de comida por si acaso: por si acaso tienen más hambre, por si acaso viene alguien a comer inesperadamente, por si acaso…
Pero este por si acaso nunca se daba y al final me lo acababa comiendo yo.

El consejo que un médico le dio a una amiga mía me hizo pensar mucho: “ no tienes porque comer todo lo que sobra en casa, no tienes porque hacer de cubo de basura”
Eso era ¡¡¡ yo realmente estaba haciendo de cubo de basura!!!

Cuando visité a mi doctora ella también corroboró este punto y me dijo que debía hacer algo al respecto.Y aquí están las decisiones que tomé por si os pueden venir bien.
1.- Empecé a hacer menos comida, como me sugería mi marido; contuve mis deseos de echar de más “por si acaso” (No creáis que me es nada fácil)
2.- Cada miembro de la familia es responsable de comer su propia ración y yo no tengo porque finalizar la de los demás.
3.- El día que sobra algo, no lo tiro pero tampoco me lo como, lo guardo en “tapers” y lo meto al congelador, y cuando lo necesito lo saco. ¡Es muy útil y socorrido!

Así que mi consejo es el mismo que me dieron a mí: si quieres adelgazar no hagas de cubo de basura.

Saludos, Rosa

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28 de febrero de 2011

Hola soy Rosa:

Hoy os quiero hablar de “no picar entre horas”.
No sé si os pasará a vosotras pero este era uno de mis grandes problemas.
Como yo llevaba un ritmo de comidas tan desordenado, y como me saltaba muchas comidas, la mayor parte del día la pasaba con un hambre atroz, y claro picaba,
pero eso sí, lo tenía tan interiorizado que lo hacía casi sin darme cuenta.

Por la mañana, en el trabajo, eran los viajes a la máquina y por la tarde, en casa, eran los viajes a la cocina: “Total son cosas sin importancia, qué me van a hacer unas galletitas o unos saladitos ¡Si eso no es nada!”

Cuando fui a la doctora y me hizo la encuesta alimentaría yo le conté “lo poco que comía” (porque era verdad que a las horas de las comidas comía poco), pero ella me dijo: Cuéntame TODO lo que comes durante TODO el día.
Y ahí empecé a sumar y por primera vez lo vi claro y fui consciente de la cantidad de calorías que ingería entre comidas. Porque yo era de las que casi aportaba más calorías fuera de las comidas que en las comidas.
La doctora me hizo ver la importancia calórica de esto y me aseguró que si quería adelgazar tenía que dejar de picar entre horas.

Lo primero fue poner orden y empezar a hacer mis cinco comidas al día, con esto ese apetito voraz que yo tenía entre horas, fue poco a poco desapareciendo.
Después fue hacer de la comida un acto consciente. Se acabó el comer cualquier cosa inconscientemente, de pie, deprisa y corriendo; empecé a sentarme para comer, siendo consciente que estaba comiendo, masticando con tranquilidad y saboreando los alimentos y ¡ todo empezó a cambiar!

No fue fácil porque estaba muy mal acostumbrada, pero hoy después de tiempo, puedo decir que ya no me apetece picar entre horas y que además disfruto muchísimo más de la comida y del sabor y de la textura de los alimentos.
¡¡¡Increíble pero cierto!!!

Saludos, Rosa

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31 de enero de 2011

Hola soy Rosa, y aquí estoy de nuevo.
Leí con mucha ilusión el comentario que me hizo Nova, y esto me anima a seguir contándoos mi experiencia.
Otra de las cosas que yo hacía mal, era saltarme comidas.
Yo creía que de esta manera adelgazaría. Mi argumento parecía lógico:
Si me salto comidas, ingeriré menos calorías y adelgazaré.
Pero estaba equivocada.
Me saltaba las comidas según me viniera bien, por ejemplo, me saltaba el tentempié de la mañana, esto me hacía estar en un estado de ansiedad continuo, por el hambre que tenía, así que cuando llegaba a casa y me ponía delante del plato, me lo comía todo, plato incluido, si hubiera podido.
Era tal mi ansia por la comida que en vez de comer devoraba. Así que en vez de comer menos lo que conseguía era comer más.

Otras veces lo que me saltaba era la merienda, ¿para qué necesito merendar? pensaba yo. Así que pasaba toda la tarde sin comer nada, (bueno eso no es cierto porque picaba). Y el mismo problema se me presentaba en las cenas: la ansiedad por la comida, el hambre me podía y comía unas cenas enormes. Y esto influía en todo, hasta en el sueño, porque me costaba mucho hacer la digestión y dormía peor.

Así que cuando la doctora me dijo que si quería adelgazar tenía que hacer cinco comidas al día y no saltarme ninguna, fue otros de los conceptos que tuve que modificar.
Ahora lo veo clarísimo, pero me costó mucho cambiar de mentalidad, poner orden en las comidas y hacer las cinco comidas recomendadas: desayuno, media mañana, almuerzo, merienda y cena.
Pero cuando empecé a hacerlas, de nuevo me di cuenta que la doctora tenía razón, que de esa manera comía menos, que al no tener tanta hambre iba a la siguiente comida con muchísima menos ansiedad. ¡¡¡Disfrutaba más de las comidas, comía menos y me sentía mejor!!!
Y además, entre horas, no picaba. Pero bueno esto del picoteo merece que lo cuente con más tranquilidad otro día.

Saludos, Rosa

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