Desconectar en domingo

Se presenta después de seis días de trabajo agotador, como un remanso de paz, como un oasis de descanso. Y está ahí desde el principio, ofrecido como un regalo, como un regalo de amor.

“Seis días trabajarás y uno descansarás”.  Algunas sociedades han querido cambiar este esquema y han intentado imponer otra semana diferente, como  la semana de diez días  en la Revolución Francesa, pero se desechó al cabo unos años. ¡Simplemente no funcionaba! 

Lo bueno es poder hacer toda nuestra tarea durante seis días y el séptimo descansar  ¡¡¡  Sin complejos!!! Esto no será un retraso en nuestro trabajo, de seguro el lunes tendremos energías renovadas.

El ritmo de seis días de trabajo y uno de descanso encaja a la perfección con las necesidades humanas. Verna Wrights, profesor de Reumatología de la Universidad de Leeds y consejero del Departamento de Salud y Seguridad Social, se refirió a la sabiduría de este ciclo de seis días de trabajo y uno de  descanso y recalcó que al igual que el cuerpo humano necesita un ciclo de veinticuatro horas, el séptimo día de descanso encaja perfectamente con las necesidades del hombre.

Es recomendable para mantener el equilibrio entre trabajo-descanso. Nos posibilita el desconectar de todo aquello que nos agobia durante los seis días  precedentes,  nos brinda un tiempo de encuentro relajado con familiares y amigos, que de otra forma se haría muy complicado. Para las personas que somos creyentes nos da la situación ideal de poder dedicar un tiempo especial a Dios. 

Ecológicamente es beneficioso, está comprobado que los niveles de polución disminuyen al no haber actividad industrial y circulatoria. Los animales también pueden gozar de un día de descanso reparador.

 Una familia que disfruta de este día especial lo espera con agrado, los niños lo disfrutan sabiendo que  en ese día sus padres pueden dedicarles un  tiempo especial, con actividades diferentes, que quedarán impregnadas en sus mentes  para siempre, como uno de sus recuerdos más bonitos.

El cuerpo lo necesita, la mente lo necesita y el espíritu lo necesita.

Nos proporciona salud física, mental y espiritual. ¿Qué más se puede pedir?

Hasta la próxima ¡Salud!

      

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